Monday, September 16, 2013

20 razones por las que la geoingeniería podría ser una mala idea (Traducción libre)

20 razones por las que la geoingeniería podría ser una mala idea

Las emisiones de dióxido de carbono están aumentando tan rápidamente que algunos científicos están considerando seriamente poner la tierra en terapia intensiva como último recurso.
Pero, ¿es este remedio peor que la enfermedad?

Por ALAN ROBOCK Rutgers University
Vol. 64, No. 2, p. 14-18, 59 DOI: 10 2968/064002006




El objetivo declarado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 es la estabilización de las concentraciones de gases efecto invernadero en la atmósfera "a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas con el sistema climático." Aunque el marco del convenio no define "peligroso," ese nivel ahora generalmente se considera ser alrededor de 450 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono en la atmósfera, la concentración actual es de aproximadamente 385 ppm (año 2008), frente a los 280 ppm de antes de la Revolución Industrial.

A la luz del fracaso de la sociedad para actuar concertadamente para enfrentar el calentamiento global a pesar del acuerdo del marco del convenio,  dos prominentes científicos atmosféricos recientemente sugirieron que los humanos consideren la geoingeniería - en este caso, la modificación deliberada del clima para lograr efectos específicos, tales como el enfriamiento -para abordar el calentamiento global. El premio Nobel Paul Crutzen , que es muy estimado por su trabajo sobre los daños del ozono y el invierno nuclear, encabezó  una edición especial de Climatic Change de Agosto 2006 con un editorial polémico sobre la inyección de aerosoles de sulfato en la estratosfera como un medio para bloquear la luz solar y enfriar la Tierra. Otro respetado climatólogo, Tom Wigley, siguió con un estudio de factibilidad en Science que abogó por el mismo enfoque en combinación con la reducción de emisiones.1

La idea de la geoingeniería remonta su génesis a la estrategia militar durante los primeros años de la Guerra Fría, cuando los científicos en los Estados Unidos y la Unión Soviética dedicaban considerables fondos y esfuerzos de investigación para controlar las condiciones meteorológicas. Algunas teorías primitivas de geoingeniería implicaban represar el Estrecho de Gibraltar y el Estrecho de Bering a manera de calentar el Ártico, haciendo Siberia más habitable.2  Desde entonces los científicos estuvieron  conscientes de las crecientes concentraciones de dióxido de carbono atmosférico, sin embargo, algunos han propuesto la alteración artificial de los patrones climáticos y meteorológicos para revertir o enmascarar los efectos del calentamiento global.

Algunos esquemas de la geoingeniería tienen como objetivo remover el dióxido de carbono de la atmósfera, a través de medios naturales o mecánicos. La fertilización oceanica, donde hierro en polvo se vierte en el océano abierto para desencadenar la proliferación de algas, la modificación genética de los cultivos para aumentar la captura biótica de carbono, técnicas de captura y almacenamiento de carbono como las propuestas para equipar las centrales de carbón, y la siembra de bosques son algunos ejemplos . Otros esquemas implican bloquear o reflejar la radiación solar entrante, por ejemplo rociando agua de mar a cientos de metros en el aire para sembrar la formación de nubes estratocúmulos sobre el océano subtropical .3

Dos estrategias para reducir la radiación solar entrante-- inyección de aerosoles estratosféricos en la forma propuesta por Crutzen y escudos solares basados en el espacio (es decir, espejos o  cortinas colocadas en órbita entre  el Sol y la Tierra), se encuentran entre los esquemas geoingenieriles más discutidos en los círculos científicos. Si bien estos sistemas (si es que se pueden construir) enfriarían la tierra, también pueden tener consecuencias adversas. Varios estudios en el Climatic Change  de agosto 2006 discuten algunas de estas cuestiones, pero aquí presento una lista bastante completa de las razones por las que la  geoingeniería podría ser una mala idea, apuntadas primeramente durante una conferencia de dos días patrocinada por la NASA sobre la Gestión (administración) de la Radiación Solar (un título muy audaz) en noviembre 2006.4

Estas preocupaciones abordan incógnitas en la respuesta del sistema climático, los efectos sobre la calidad de vida humana, y las cuestiones políticas, éticas y morales planteadas.


1.  Efectos en clima regional. Los defensores de la Geoingeniería a menudo sugieren que las erupciones volcánicas son un análogo natural inofensivo para la inyección estratosférica de aerosoles de sulfato. La erupción en 1991 del Monte Pinatubo de la isla filipina de Luzon, que inyectó 20 megatones de gas de dióxido de azufre en la estratosfera, produjo una nube de aerosol de sulfato que se dice fue causa de enfriamiento global durante un par de años sin efectos adversos.

Sin embargo, los investigadores en el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica mostraron en 2007 que la erupción del Pinatubo causó respuestas hidrológicas grandes, incluyendo reducción de la precipitación, humedad de suelo, y el flujo de los ríos en muchas regiones.5 Simulaciones de la respuesta del clima a erupciones volcánicas también han mostrado impactos grandes en el clima regional, pero si éstos son análogos buenos para las respuestas a la geoingeniería  requiere de investigación adicional.

Los científicos también han visto que erupciones volcánicas en la zona tropical producen  cambios en la circulación atmosférica, causando , calentamiento en invierno sobre los continentes en el Hemisferio Norte, así como erupciones en latitudes altas debilita los monzones asiáticos y africanos, causando reducción en la precipitación.6

De hecho, la erupción de ocho meses de largo de la grieta Laki en Islandia en 1783–1784 contribuyó al hambre en África, India, y Japón.

¿Si los científicos y los ingenieros fueran capaces de inyectar cantidades más pequeñas de aerosoles estratosféricos que las resultantes de erupciones volcánicas, cómo afectarían a los vientos de verano y modelos de precipitación?

¿Podrían las tentativas de geoingenieria en regiones aisladas ser confinadas allí?
Los científicos tienen que investigar estas posibilidades. En el 2007 en la reunión de la Unión Geofísica Americana, los investigadores presentaron conclusiones preliminares de varios modelos climatológicos diferentes que simularon esquemas de geoingeniería  y encontraron que ellos redujeron la precipitación sobre amplias regiones, condenando a cientos de millones de personas a la sequía.

2. Acidificación del océano continúa. Si la gente adoptara la geoingeniería  como una solución al calentamiento global, sin restricción contra emisiones de carbón continuas, el océano seguiría tornándose más ácido, porque aproximadamente la mitad de todo el exceso de dióxido de carbono en la atmósfera es removido por la absorción del océano.

El océano ya es  30 por ciento más ácido de lo que era antes de la Revolución Industrial, y la acidificación continua amenaza la cadena biológica oceánica entera, desde los arrecifes de coral hasta la gente directamente.7

3. Reducción de la capa de ozono. Las partículas de aerosol en la estratosfera sirven como superficies para las reacciones químicas que destruyen el ozono en la misma forma que aerosoles de  agua y ácido nítrico en las nubes estratosféricas polares producen el agujero estacional de  ozono en el Antártico8

Durante las próximas cuatro décadas más o menos, mientras la concentración de sustancias antropogénicas que reducen el ozono es todavía suficientemente grande en la estratosfera como para producir este efecto, los aerosoles adicionales de geoingenieria destruirían aún más ozono aumentando el daño del flujo ultravioleta a la superficie de la Tierra.

4. Efectos en las plantas. La luz del sol se disipa a su paso por los aerosoles estratosféricos,  lo que reduce la radiación solar directa y el aumento de la radiación difusa, con importantes consecuencias biológicas.

Algunos estudios, incluyendo uno que midió el efecto en los árboles después de la Erupción del Monte Pinatubo, sugieren que la radiación difusa permite la fotosíntesis más eficiente en la cúpula de las plantas, aumentando así su capacidad como sumidero de carbono.9

Al mismo tiempo, la inserción de aerosoles o discos reflectantes en la atmósfera  reduciría la luz solar total que alcanza a la superficie terrestre.  Los científicos necesitan evaluar los impactos en los cultivos y vegetación natural de las reducciones en el total, difusión, y la radiación solar directa.

5. Más deposición ácida. Si sulfato es inyectado periódicamente en la estratosfera, no importa dónde en la Tierra, la deposición ácida aumentará cuando el material pase a través de la troposfera- la capa atmosférica más cercana a la superficie terrestre.

En 1977, el climatólogo ruso Mikhail Budyko calculó que la tasa adicional de acidez causada por las inyecciones de sulfato seria insignificantemente mayor que los niveles resultantes por la contaminación del aire.10

Sin embargo, la cantidad relevante es la cantidad total de ácido que alcanza al suelo, incluyendo tanto en forma húmeda (lluvia ácida, nieve y niebla) y la deposición seca (gases ácidos y partículas). Cualquier deposición ácida adicional perjudicaría el ecosistema, y será importante entender las consecuencias de exceder diferentes umbrales biológicos. Además, más partículas ácidas en la troposfera afectarían la salud pública.

El efecto puede no ser grande en comparación con la impacto de la contaminación en las zonas urbanas, pero en áreas prístinas podría ser importante.

6. Efectos en las nubes cirrus. Al caer a tierra las partículas de aerosol inyectadas en la estratosfera  pueden sembrar formaciones de nubes Cirrus en la troposfera,11 las nubes afectan el balance de radiación de la Tierra entre el calor entrante y saliente, aunque la amplitud y hasta la dirección de los efectos no son bien entendidos.

Mientras que evidencia existe que algunos aerosoles volcánicos forman nubes cirrus, el efecto global no se ha cuantificado.12
                                                                                                        
7. Blanqueamiento del cielo (pero agradable puestas del sol). Aerosoles atmosféricos cerca del tamaño de la longitud de onda de la luz producen un aspecto blanco, nublado del cielo. También contribuyen a puestas del Sol vistosas, similar a aquellas que ocurren después erupciones volcánicas.

El cielo rojo y amarillo en El Grito por Edvard Munch fueron inspirados por las puestas brillantes del Sol de las que fue testigo en Oslo en 1883, después de la erupción de Krakatoa en Indonesia.13

Tanto la desaparición de los cielos azules como el aspecto rojo de las puestas del Sol podría tener impactos psicológicos fuertes en la humanidad.

8. Menos sol para energía solar. Los científicos estiman que tan poco como una reducción del 1.8 por ciento de radiación solar entrante compensaría por un re-doblamiento del dióxido de carbono atmosférico.

Inclusive esta pequeña reducción afectaría considerablemente la radiación disponible para los sistemas de energía solar — uno de los principales métodos alternos para la generación de energía limpia— debido a que la respuesta  de diferentes sistemas a la disponibilidad de luz solar total es no-lineal.

Esto es verdad especialmente para algunos de los sistemas más eficazmente diseñados que reflejan o enfocan la radiación solar directa sobre un punto para el calentamiento directo.14

Después de la erupción del Monte Pinatubo y la erupción en 1982 de EL Chichón en México, los científicos observaron una disminución de radiación solar directa del 25-35 por ciento.15

9. Impactos ambientales de su implementación. Cualquier sistema que pudiera inyectar aerosoles en la estratosfera, por ejemplo, aviones comerciales a propulsión a chorro con azufre mezclado en su combustible, artillería  naval de 16 pulgadas disparando verticalmente en el aire proyectiles de una tonelada de polvo, o mangueras suspendidas de globos estratosféricos, causaría un daño ambiental enorme.

Lo mismo se podría decir de sistemas que desplegarían escudos solares.

El astrónomo de la Universidad de Arizona Roger P. Ángel ha propuesto poner una flotilla de discos reflectivos de 2 pies de ancho en una órbita estable entre Tierra y el Sol que redirigiría la luz del Sol alejándola de la Tierra.16

Pero para enviar al espacio los trillones de discos necesarios , los ingenieros necesitarían 20 lanzadores electromagnéticos para disparar los montones de 800,000 discos con misiles cada cinco minutos durante veinte años.

¿Cuáles serían los efectos atmosféricos del sonido y la ondas gravitacionales que resultan?

¿Quien querría vivir cerca?

10. Recalentamiento rápido si se interrumpe la implementación. Una crisis tecnológica, social, o política podría parar un proyecto de inyección estratosférica de aerosoles  a media implementación.
Un cambio tan abrupto resultaría en recalentamiento rápido del clima, que produciría mucha más tensión en la sociedad y ecosistemas que un calentamiento gradual.17

11. No hay marcha atrás. No sabemos que tan rápidamente los científicos y los ingenieros podrían cerrar un sistema de geoingeniería — o contener sus efectos — en caso de refrigeración excesiva del clima debido a grandes erupciones volcánicas u otras causas.
Una vez que ponemos aerosoles en la atmósfera, no podemos quitarlos.

12. Error humano. Los sistemas mecánicos complejos nunca trabajan perfectamente.

La gente puede cometer errores en el diseño, fabricación, y operación de tales sistemas. (Hay que pensar en Chernóbil, el Exxon Valdez, accidentes de avión, y fuego no hostil en el campo de batalla.)

¿Deberíamos apostar el futuro de la Tierra en arreglos mucho más complicados que éstos, construidos por el peor postor?

13. Socava la mitigación de emisiones. Si la gente percibe  un arreglo tecnológico fácil al calentamiento global que permite el “comportamiento como de costumbre,” conseguir la voluntad nacional (en particular en los Estados Unidos y China) e internacional para cambiar modelos de consumo e infraestructura de energía 

será aún más difícil.18

Este es el argumento más antiguo y más persistente contra la geoingeniería.

14. Coste. Los defensores afirman de manera casual que no sería demasiado caro poner en práctica soluciones geoingenieriles, pero no han habido estudios definitivos de coste, y las estimaciones de proyectos gubernamentales a gran escala son casi siempre demasiado bajas (El proyecto “Big Dig” de Boston para re-dirigir  una carretera interestatal por debajo de la ciudad costera, una de las mayores hazañas de ingeniería de la especie humana, es sólo un ejemplo que quedo atrasado por años  y mil millones sobre presupuesto.)

Ángel estima que su esquema de poner discos reflexivos en órbita costara “unos cuantos trillones de dólares.”

El cálculo del economista británico Nicholas Stern del coste de cambio climático como un porcentaje del PBI global (aproximadamente 9 trillones de dólares) está en el mismo vecindario; la estimación del Ángel es también órdenes de magnitud mayor que la inversión global actual en tecnología de energía renovable.

¿No sería una inversión más segura y sabia para la sociedad en lugar poner ese dinero en energía solar, energía eólica, eficiencia energética, y el secuestro de carbono?

15. Control comercial de la tecnología. ¿Quién terminaría controlando los sistemas de geoingeniería?

¿Gobiernos?

¿Compañías privadas manteniendo las tecnologías como propiedad patentada?

¿Y en el fondo a beneficio de quién?
Estos sistemas podrían presentar problemas análogos a aquellos que acarrean las compañías farmacéuticas y los conglomerados energéticos cuyos productos ostensiblemente sirven al público, pero quienes  a menudo valorizan más las ganancias de los accionistas por encima del beneficio público.

16. Uso militar de la tecnología. Los Estados Unidos tienen una larga historia de tratar de modificar el clima con propósitos militares, inclusive induciendo lluvia en la guerra de Vietnam para anegar las líneas de abastecimiento y perturbar las protestas de los monjes budistas en contra de la guerra.19

Ochentaicinco países, incluyendo los Estados Unidos han firmado la Convención Sobre la Prohibición de Utilizar Técnicas de Modificación Ambiental con fines Militares u Otros Fines Hostiles (ENMOD por sus siglas en inglés), pero ¿podrían las técnicas desarrolladas para controlar el clima global ser limitadas por siempre a usos pacíficos?

17. Conflictos con los tratados actuales. Los términos de ENMOD explícitamente prohíben “utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles que tengan efectos vastos, duraderos o graves, como medios para producir destrucciones, daños o perjuicios a otro Estado Parte.”

Cualquier esquema geoingenieril  que afecta negativamente el clima regional, por ejemplo, produciendo calentamiento o sequía, violaría por lo tanto el ENMOD.

18. Control del termostato. ¿Incluso si los científicos pudieran predecir el comportamiento y efectos ambientales de un dado proyecto geoingenieril, y los líderes políticos pudieran reunir el apoyo público y financiando para ponerlo en práctica, cómo convendría el mundo en el clima óptimo?

¿Y si Rusia lo quisiera un par de grados más caluroso, e India un par de grados más frio?

¿Debería el clima global ser reajustado a la temperatura pre-industrial o mantenerse constante en la lectura de hoy?

¿Sería posible adaptar el clima de cada región del planeta independientemente sin afectar a las demás?

Si procedemos con la geoingenieria ¿provocaremos guerras del clima en el futuro?

19. Cuestiones de autoridad moral. El calentamiento global en curso es el resultado de la modificación involuntaria del clima.

Los humanos emiten el dióxido de carbono y otros gases de invernadero para calentar y refrescar sus casas; cultivar, transportar, y cocinar sus alimentos; correr sus fábricas; y viajar — no intencionalmente, pero como un subproducto de la combustión del combustible fósil.

¿Pero ahora que los humanos son conscientes de su efecto en el clima, tienen ellos un derecho moral para seguir emitiendo gases de efecto invernadero?

Del mismo modo, ya que los científicos saben que la inyección estratosférica de aerosol, por ejemplo, podría afectar la eco esfera  ¿tiene la gente derecho para seguir arremetiendo(¿) sin consideración?

No existe ninguna agencia global que requiera una declaración de impactos ambientales por geoingenieria.

De este modo ¿cómo deberían los humanos estimar cuanto control del clima podrían intentar?

20. Consecuencias inesperadas. Los científicos no pueden de ninguna manera estimar todas las interacciones complejas del  clima o predecir todos los impactos de la geoingeniería.

Los modelos van mejorando, pero los científicos van descubriendo que el clima está cambiando más rápidamente que en sus predicciones, por ejemplo, el sorpresivo y sin precedente grado en que el hielo Ártico se derritió durante el verano 2007.

Puede ser que los científicos nunca tengan suficiente confianza en que sus teorías pronostiquen que tan bien los sistemas de geoingeniería puedan trabajar.

Con tanto en juego, existe razón para preocuparse de lo que no sabemos.


LAS RAZONES POR LAS QUE LA GEOINGENIERIA podría ser una mala idea son múltiples, aunque una inversión moderada en la investigación teorética geoingenieril podría ayudar a los científicos a determinar si es o no es una mala idea. Aun así, es un terreno resbaladizo: yo no abogaría por experimentos estratosféricos reales en pequeña escala a menos de que resultados de amplios modelos climáticos puedan mostrar primero que podríamos evitar, al menos, todas las posibles consecuencias sobre las que conocemos.

Debido a la variabilidad natural inherente del sistema climático, ésta tarea no es trivial. Después de eso todavía existen incógnitas, tales como los efectos a largo plazo de los experimentos a corto plazo-los aerosoles estratosféricos tienen una vida  atmosférica de un par de años.

Resolver el calentamiento global no es un problema técnico difícil. Como Stephen Pacala y Robert Socolow detallan con su popular modelo de cuña, una combinación de varias acciones específicas pueden estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, aunque yo  no estoy de acuerdo con su propuesta de utilizar la energía nuclear como una de sus “cuñas.”20

En cambio, el punto crucial de abordar el calentamiento global es político. El gobierno de EE.UU. le da subsidios multimillonarios al carbón, petróleo,  gas y a las industrias nucleares, y da poco apoyo a las fuentes de energía alternativa como la energía solar y poder eólico que podrían contribuir a una solución. Del mismo modo, el gobierno federal está aplastando los intentos de los estados para mandar la reducción de emisiones. Si el calentamiento global es un problema político más de lo que es un problema técnico, se deduce que no necesitamos la geoingeniería para resolverlo.

La Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático define “peligrosa interferencia antropogénica " como efectos climáticos involuntarios. Sin embargo, los Estados deben también considerar cuidadosamente la geoingeniería en sus compromisos  a prevenir una peligrosa interferencia antropogénica con el sistema climático.

Alan Robock es director del programa de licenciatura en  meteorología y director asociado del Centro para la Predicción Medioambiental en el Departamento de Ciencias Medioambientales de la Universidad de Rutgers. Este trabajo es apoyado por la Fundación Nacional de Ciencia.

NOTAS:
1. Paul Crutzen, “Albedo Enhancement by
Stratospheric Sulfur Injections: A Contribution to
Solve a Policy Dilemma?” Climatic Change, vol. 77,
pp. 211–19 (2006); Tom M. L. Wigley, “A Combined
Mitigation/Geoengineering Approach to Climate
Stabilization,” Science, vol. 314, pp. 452–54 (2006).
2. See the chapter on climate modification
schemes in Spencer R. Weart, The Discovery of
Global Warming (2007), available at http://www
.aip.org/history/climate/RainMake.htm; a long
history of geoengineering proposals in James R.
Fleming, “Fixing the Weather and Climate: Military and Civilian Schemes for Cloud Seeding and
Climate Engineering,” in Lisa Rosner, ed., The
Technological Fix (New York: Routledge, 2004),
pp. 175–200; and James R. Fleming, “The Pathological History of Weather and Climate Modification,”
Historical Studies in the Physical Sciences, vol. 37,
pp. 3–25 (2006). See also N. Rusin and L. Flit, Man
Versus Climate (Moscow: Peace Publishers, 1960);
Mikhail I. Budyko, Climatic Changes (Washington,
D.C.: American Geophysical Union, 1977); Ralph J.
Cicerone et al., “Global Environmental Engineering,” Nature, vol. 356, p. 472 (1992); Edward Teller
et al., Global Warming and Ice Ages: I. Prospects for
Physics-Based Modulation of Global Change (Lawrence Livermore National Laboratory Publication
UCRL-JC-128715, 1997); David W. Keith, “Geoengineering the Climate: History and Prospect,” Annual Review of Energy and the Environment, vol. 25,
pp. 245–84 (2000).
3. John Latham first raised this idea in two articles that appeared in Nature, vol. 347, no. 6291:
Control of Global Warming,” pp. 330–40, and
Effect on Global Warming of Wind-Dependent
Aerosol Generation at the Ocean Surface,” pp.
372–73 (1990). Keith Bower offers a numerical
evaluation in “Computational Assessment of a
Proposed Technique for Global Warming Mitigation Via Albedo-Enhancement of Marine Stratocumulous Clouds,” Atmospheric Research, vol. 82,
pp. 328–36 (2006).
4. See Lee Lane, Ken Caldeira, Robert Chatfield, and Stephanie Langhoff, eds., “Workshop
Report on Managing Solar Radiation,” NASA/
CP-2007-214558 (2007).
5. Kevin E. Trenberth and Aiguo Dai, “Effects
of Mount Pinatubo Volcanic Eruption on the
Hydrological Cycle as an Analog of Geoengineering,” Geophysical Research Letters, vol. 34, no. 16,
(2007).
6. For more on warming over continents of the
Northern Hemisphere, see Alan Robock, “Volcanic Eruptions and Climate,” Reviews of Geophysics, vol. 38, pp. 191–219 (2000); Georgiy Stenchikov
et al., “Arctic Oscillation Response to Volcanic
Eruptions in the IPCC AR4 Climate Models,”
Journal of Geophysical Research, vol. 111, (2006).
For more on the effects of Asian and African monsoons, see Luke Oman et al., “Climatic Response
to High-Latitude Volcanic Eruptions,” Journal of
Geophysical Research, vol. 110, (2005); Luke Oman
et al., “High-Latitude Eruptions Cast Shadow Over
the African Monsoon and the Flow of the Nile,”
Geophysical Research Letters, vol. 33, (2006).
7. Royal Society, Ocean Acidification Due to
Increasing Atmospheric Carbon Dioxide, June 30,
2005, available at royalsociety.org/displaypagedoc
.asp?id=13539
8. Susan Solomon et al., “The Role of Aerosol
Variations in Anthropogenic Ozone Depletion at
Northern Midlatitudes,” Journal of Geophysical
Research, vol. 101, (1996); Susan Solomon, “Stratospheric Ozone Depletion: A Review of Concepts
and History,” Reviews of Geophysics, vol. 37, (1999).
9. L. Gu et al., “Responses of Net Ecosystem Exchanges of Carbon Dioxide to Changes in Cloudiness: Results from Two North American Deciduous Forests,” Journal of Geophysical Research,
vol. 104, no. 31, pp. 421–31, 434 (1999); L. Gu et al.,
Advantages of Diffuse Radiation for Terrestrial
Ecosystem Productivity,” Journal of Geophysical
Research, vol. 107, (2002); L. Gu et al., “Response
of a Deciduous Forest to the Mount Pinatubo
Eruption: Enhanced Photosynthesis,” Science, vol.
299, pp. 2,035–38 (2003).
10. Budyko, Climatic Changes.
11. Richard P. Turco et al., “A Study of Mesospheric Rocket Contrails and Clouds Produced
by Liquid-Fueled Rockets,” Space Solar Power
Review, vol. 3, pp. 223–34 (1982); V. A. Mohnen,
Stratospheric Ion and Aerosol Chemistry and
Possible Links With Cirrus Cloud Microphysics—
A Critical Assessment,” Journal of Atmospheric
Science, vol. 47, pp. 1,933–48 (1990).
12. K. Sassen et al., “The 5–6 December 1991
FIRE IFO II Jet Stream Cirrus Case Study: Possible Influences of Volcanic Aerosols,” Journal of
Atmospheric Science, vol. 52, pp. 97–123 (1993).
13. D. W. Olsen et al., “When the Sky Ran Red:
The Story Behind The Scream,” Sky & Telescope,
February 2004, pp. 29–35.
14. For the estimate for reducing incoming
solar radiation, see Balan Govindasamy and Ken
Caldeira, “Geoengineering Earth’s Radiation Balance to Mitigate CO2
-Induced Climate Change,”
Geophysical Research Letters, vol. 27, pp. 2,141–44
(2000). For the response of solar power systems,
see Michael C. MacCracken, “Geoengineering:
Worthy of Cautious Evaluation?” Climatic Change,
vol. 77, pp. 235–43 (2006).
15. Robock, “Volcanic Eruptions and Climate,”
pp. 191–219.
16. Roger P. Angel, “Feasibility of Cooling the
Earth with a Cloud of Small Spacecraft Near the
Inner Lagrange Point (L1),” Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 103, pp. 17,184–89
(2006).
17. See Figure 1 in Wigley, “A Combined Mitigation/Geoengineering Approach to Climate Stabilization,” pp. 452–54, and Figure 3 in H. Damon
Matthews and Ken Caldeira, “Transient ClimateCarbon Simulations of Planetary Geoengineering,” Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 104, pp. 9,949–54 (2007).
18. See for example Stephen H. Schneider,
Earth Systems: Engineering and Management,”
Nature, vol. 409, pp. 417–19, 421 (2001), and Ralph
J. Cicerone, “Geoengineering: Encouraging Research and Overseeing Implementation,” Climatic
Change, vol. 77, pp. 221–26 (2006).
19. James R. Fleming writes eloquently about
the militaristic history of climate modification
schemes in “The Climate Engineers,” Wilson
Quarterly, Spring 2007, pp. 46–60. See also Fleming, “Fixing the Weather and Climate,” and Fleming, “The Pathological History of Weather and
Climate Modification.”
20. Stephen W. Pacala and Robert Socolow,
Stabilization Wedges: Solving the Climate Problem for the Next 50 Years with Current Technologies,” Science, vol. 305, pp. 968–72 (2004); Alan
Robock, “Nuclear Power’s Costs and Perils” (Letter to the Editor), Physics Today, vol. 60, no. 1, p.

14 (2007).
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